Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador TÁNGER Y GIBRALTAR
EMBARCÓ Aviraneta en Algeciras con un tiempo muy malo, y llegó a Gibraltar dos horas después. Se metió en una posada, en donde se comía mal y se dormía en el suelo, pues no había camas. En esta posada se encontraban don Bernardo Borja Tarríus y el diputado por Córdoba don José Moreno Guerra. Al ver a Aviraneta le acogieron con amabilidad, y formaron un grupo para comer.
Eran dos tipos bien distintos. Ambos frisaban, aproximadamente, en la misma edad, de cuarenta a cincuenta años. Borja Tarríus, grueso, rubio, pacífico, calvo y con patillas; Moreno Guerra, alto, huesudo, cetrino, con hablar gutural de moro.
En sus ideas se notaba parecida divergencia. Borja se mostraba siempre sereno, siempre equilibrado, la sensatez personificada; Moreno Guerra se caracterizaba por sus extravagancias.
Un día, instigados por el diputado andaluz, salieron los tres a dar un paseo y respirar el aire libre. Hacía calor sofocante. Al cuarto de hora de su paseo se les presentaron tres policías, y les pidieron la boleta de residencia.
No la tenían, y tuvieron que confesarlo. Los llevaron al muelle, y los dejaron allí como si quisieran dedicarlos a la contemplación y al estudio de la bahía de Algeciras.