Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador A las cinco de la tarde, una criada les avisó para que fueran a comer. Entró en el comedor la señora de Toledano con sus cuatro hijas, de muy modesto porte y muy bonitas. Todas hablaban el castellano con acento parecido al andaluz, que no dejaba de tener gracia.
Llevaban veinte días en Tánger cuando recibió Aviraneta una carta de un señor Gargollo, representante de su tío Ibargoyen, el mejicano, diciéndole que le había girado a aquella plaza cinco mil pesetas a casa de Benolié y Compañía. Contestó al banquero diciéndole dónde estaba, y a los tres días apareció en casa de la viuda de Toledano un judío viejo, muy venerable, a ofrecerse de parte de Benolié para todo lo que necesitara.
La patrona se quedó maravillada; dijo que Samuel Lione era el hombre más rico de Tánger, y que cuando iba a Fez visitaba al sultán.
Debían ellos de ser gente de gran importancia cuando Samuel Lione venía a verles a su casa.
Al día siguiente pasó Aviraneta por el despacho del judío, quien le dio cien duros. Dijo a Borja Tarríus y a Moreno Guerra que se marchaba otra vez a Gibraltar y que les escribiría.
Después de comer se despidió de la familia judía de las Toledano. Le acompañaron sus amigos hasta la lancha, y Aviraneta volvió a Gibraltar.