Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Este judío, llamado Isaac Bonaffus, dijo a Aviraneta cómo había un general francés al servicio del virrey de Egipto que lo dirigía todo.
El judío era amigo del sobrino del general, que se llamaba Lasalle, como su tío, y estaba, al parecer, comisionado por el virrey para recibir a los militares europeos que deseaban ingresar en el ejército egipcio. Tropezó Aviraneta con un paisano de Tolosa, con el que solía hablar vascuence, con gran asombro de los que les oían.
Este vasco estaba en Alejandría desde hacía tres meses, llegado en un barco de Marsella. Había servido como sargento nacional de caballería en Navarra y en la Rioja, en la partida de un tal Mantilla hasta la dispersión de la partida, y a la entrada de los franceses había tenido que emigrar a Francia.
Dijo a don Eugenio que se apellidaba Basterrica; pero como al escaparse de España comenzaron a llamarle por su segundo apellido, Mendi, todo el mundo le conocía por Mendi, y como era más corto y más fácil para los extranjeros, lo había adoptado.
Era Basterrica de unos veinticinco años, de gallarda figura. Enseñaba música y piano; no tenía más que lecciones a tres duros, y muy pocas: dos señoritas, un fraile y algún judío.