Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador A un oficial griego que le detuvo le dijo que le había llamado su excelencia, y que tenía una carta para entregarle.
Esperó un cuarto de hora, y lord Byron le recibió y le dio la mano. Le chocó la impresión de la mano; llevaba guantes de seda de color carne. Vestía bata y gorro griego rojo. Su figura era hermosa, sobre todo la cabeza, pero no ofrecía el aspecto ni de serenidad ni de fuerza. Parecía una mujer. Sus rasgos eran demasiado correctos, y el cuello, que llevaba desnudo, excesivamente redondo.
—El cónsul de Alejandría me recomienda a usted eficazmente. ¿Qué quiere usted de mí? —preguntó el lord.
Entonces Aviraneta se cuadró, e hizo la señal de reconocimiento como masón del rito escocés. A su vez se levantó Byron y le correspondió.
—Cuénteme algo de su vida.
Aviraneta contó su vida. El cura Merino, el Empecinado, los carbonarios de París, las conspiraciones, las luchas contra Angulema, la escapada hasta Gibraltar, la vida de Tánger y la de Alejandría.
—¡Y todo eso con poco dinero! Sin medios —exclamó lord Byron, y añadió en español chapurreado de italiano—: Per Bacco! ¡Que es usted un hombre!