Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Al hablar, el lord mezclaba los juramentos de todos los países. Le preguntó si había llevado su equipaje al Cefaloniota. Le dijo don Eugenio que no. Le encargó que lo llevara inmediatamente y que no dijera a nadie que era español, y mucho menos emigrado constitucional, y que no saltara a tierra.
Acompañado de un oficial, Aviraneta bajó a un bote que llevaba la bandera inglesa, y llegaron a la goleta chipriota. El capitán Spiro desembalaba una caja de fusiles y pistolas. A bordo había dos comisionados del Gobierno griego acompañados de cuatro soldados con fusiles.
—Son de la Policía política —dijo el capitán Sarompas—, y si no fuera porque pasa usted por inglés y tiene tanta influencia con lord Byron, le detendrían.
Volvió don Eugenio al Cefaloniota, y le llevaron el equipaje a un camarote. Lord Byron estaba conferenciando en aquel momento con unos comisionados griegos de Missolonghi. Concluida la conferencia, salieron los comisionados y el lord a cubierta. Entonces notó la cojera de Byron. Se acercó a Aviraneta; estaba jovial.
—Ahora vamos a almorzar, señor guerrillero —le dijo.