Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Las diligencias judiciales se empezaron en el Juzgado de Alvarado. El instigador de Berroa era un abogadillo enredador apellidado Betancourt, habanero y emigrado de aquella isla.
Aviraneta se avistó con su primo para hacerle comprender que un pleito no haría más que arruinar a los dos; pero Berroa, feroz y terco, se desató en insultos contra el difunto Ibargoyen, y concluyó diciendo que todo lo que su tío poseía se lo debía a él, y que, por tanto, era suyo.
El alcalde de Alvarado falló en favor de Aviraneta, y el mismo día hizo el escribano el embargo e inventario, y puso en posesión de todo a Troncoso, como albacea de Ibargoyen.
Berroa apeló ante el Jurado de Jalapa, y allá se fue don Eugenio, en donde estuvo mes y medio tratando con abogados, procuradores y gente de curia. Al cabo de este tiempo, el Tribunal falló el pleito a favor de Berroa, imponiendo una multa de doscientos pesos al alcalde de Alvarado, que, naturalmente, tuvo que pagar don Eugenio.