Aviraneta o la vida de un conspirador

Aviraneta o la vida de un conspirador

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Una mañana que iba don Eugenio a casa de Troncoso, le esperaron un grupo de oficiales sable en mano, teniéndose que defender con el bastón, hasta que llegó un piquete de diez soldados de la guardia, quienes le llevaron preso al Hospital Militar.

El abogado de Berroa, cuando se enteró de esto, fue corriendo a casa de su cliente a participarle tan fausta noticia. Berroa empezó a bailar de alegría; pero, de repente, cayó muerto en mitad de la sala.

Los comerciantes de Veracruz, cuando lo supieron, dijeron que había sido un castigo de Dios, por lo mal que se había portado con su primo y con el difunto Ibargoyen.

En esto se decretó la expulsión de los españoles del territorio mejicano, y los que había en tierra adentro se apresuraron a embarcarse en el único puerto habilitado, en Veracruz. Aviraneta pensaba desde el hospital salir para marcharse en el primer buque que se presentara, con rumbo a los Estados Unidos.

El comerciante Rivas visitó a Aviraneta, y le dijo que dentro de ocho días se haría a la vela la fragata inglesa Hibernia para Nueva Orleáns.

Llegó el día de la marcha, estuvieron en el hospital todos los amigos a despedirse, y don Eugenio, en una lancha, salió para la isla de los Sacrificios, donde anclaba la Hibernia.


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