Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Era fragata nueva, muy hermosa. Don Eugenio fue muy bien recibido por el capitán y por los ciento cincuenta pasajeros, todos españoles, comerciantes, que habían residido en Méjico; viajaban muchos frailes: dieciséis franciscanos y otros de tierra adentro, con su superior, el reverendísimo padre fray Diego Miguel de Bringas, misionero apostólico del colegio de Querétaro.
Era este religioso anciano como de sesenta y seis años, muy respetable, de gran nombradía en Méjico, por haber fundado casi todos aquellos pueblos y rancherías del territorio de Texas, con indios salvajes, que convirtió al cristianismo en los treinta años que anduvo metido entre ellos.