Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Luego, con el padre Bringas y otros compañeros de viaje, fueron a presentarse al cónsul español y a un capuchino llamado Sedella, que hacía más de cincuenta años que vivía en Nueva Orleáns, en el mismo jacal y en el mismo huerto que cuando este pueblo pertenecía a España.
Días después, en una conferencia que tuvo don Eugenio con el padre Bringas, este le reveló secretos de importancia, y le hizo ver que se abría gran campo para una revolución en Méjico. Que había tenido conferencias con generales y jefes mestizos, pero que les hacía falta un hombre inteligente que les inspirase y les indicara la marcha de los planes para esta empresa.
Dijo también el padre Bringas que él tenía muy buenos amigos entre los jefes de la rebelión y recursos pecuniarios para sostenerla. Que la cruzada religiosa y política debía tener por base una guerra de castas.
Aviraneta vivía aislado para no llamar la atención de la gente; únicamente recibía las visitas del padre Bringas y de los compañeros masones.
Acordaron entre el fraile y Aviraneta un plan preliminar de llamamiento a todos los comerciantes emigrados de Méjico, así como a los jefes mestizos y mulatos que debían ayudarles. A estos últimos les mandarían emisarios de toda confianza.