Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Seis días después se reunió la Junta de los Comerciantes españoles, presidida por el padre Bringas; Peter Armony había ido a Nueva Orleáns para decirles a los conspiradores que las circunstancias habían variado enteramente con la salida del almirante mejicano. La bahía de San Bernardo, llena de buques de guerra, hacía imposible el acercarse a las costas mejicanas. Por tanto, Peter Armony retiraba su palabra hasta ver más claras las cosas, porque no quería arriesgar ni sus intereses ni su reputación en empresas parecidas a las de los aventureros de los Estados Unidos.
Esto cayó como una bomba entre los españoles, que, ya desorientados, decidieron redactar una Memoria dirigida al rey de España, firmada por todos, y que sería llevada a La Habana por una Comisión. La Memoria la redactó el cónsul español en Nueva Orleáns con las notas que le proporcionó Aviraneta, y en ella enumeraba los sacrificios de los emigrados españoles para la reconquista de Méjico.
Fueron a llevar la Memoria a La Habana una Comisión compuesta de Aviraneta, el padre Bringas y otro llamado Irigoyen, además de ocho misioneros de los colegios de Querétaro y Orizaba.
El 28 de febrero de 1828 embarcaron en un vapor para la Balisa, en donde les esperaba el bergantín americano que les había de llevar a La Habana.