Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Campillo, unos días después, participó a don Eugenio que acababa de entrar en el Adour un quechemarín de Santoña y que el patrón era de toda confianza.
Aviraneta se puso en seguida a redactar las instrucciones, y, después de leerlas a Mina y a Campillo, las escribió en un pliego de papel con tinta simpática, dándole al patrón del quechemarín un frasco de reactivo para que él, a su vez, enseñara la escritura al hermano de Campillo.
Se aproximaba el momento de la acción, y por ninguna parte aparecía la unidad del plan necesario. A las divergencias de los españoles iban añadiendo las suyas los franceses, los italianos y los polacos, que se mezclaban entre ellos.
Los entusiastas habían conseguido que el general Mina se reconciliase oficialmente con sus enemigos Valdés y Chapalangarra. La reconciliación era falsa, sobre todo por parte de Valdés.
Unos días después apareció en Bayona el primo de Aviraneta, don Lorenzo de Alzate, con el pretexto de encargar a un grabador de metales unos sellos para el Ayuntamiento de San Sebastián.
Aviraneta habló largamente con su pariente, y le preguntó, entre otras cosas, si era muy difícil entrar en España. Alzate le dijo que sí, que la frontera estaba muy vigilada.