Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador A los pocos días hubo contestación del hermano de Campillo, y en una venta solitaria desdoblaron la carta, dieron con un pincel el reactivo y aparecieron las letras.
Campillo decía que los oficiales de Santander y de Santoña estaban dispuestos a entrar en el movimiento siempre que se contase con los jefes que ocupaban los altos cargos. Además, ponían como condición el que Mina asumiese la responsabilidad de lo que se hiciera; que el mismo general respondiera de que en el interior de la nación secundarían el pronunciamiento y que se les enviaran fondos para ganar a los sargentos y a los soldados.
Aviraneta fue con la carta a ver al general Mina. El general decidió que se viera a un judío llamado Silva que vivía en Saint Esprit.
Fueron Aviraneta y Aguado a ver al judío. El banquero era pálido, de perfil hebraico, muy fino, muy atento.
Escuchó sonriendo lo que le decían y dijo que hablaría a Mendizábal y que intentaría influir y conseguir todo lo que estuviera de su parte.
Salieron de casa de Silva. Aguado se quedó en Saint Esprit, y dijo que por la noche, al terminar la reunión de los caudillos en casa de Mina, iría a decirle a Aviraneta el resultado a la fonda de Iturri…