Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Al mediodía marchó a la casa de postas de la calle de Carretas a esperar la diligencia. Esto sucedía el 10 de enero de 1834. Salió de Madrid a eso de las dos, y al caer la tarde llegaron a Guadalajara; se detuvo la diligencia en el parador de las Animas, fuera del pueblo. Al ir a bajar don Eugenio, un señor de sombrero de copa, gabán con esclavina, alto y de bigote negro, levantando el bastón, gritó:
—Señor Aviraneta, de orden de la reina queda usted preso. Era el comisario de policía don Nicolás de Luna. A su lado se cuadraban dos agentes y cuatro soldados.
El señor Luna recogió todos los papeles, y, metiéndolos en un sobre lacrado, se los entregó a un agente para que los llevara a Madrid. Luego entraron en una tartana don Eugenio y el comisario.
Fueron charlando por el camino, y el comisario enteró a Aviraneta de que la Isabelina había mandado dos delegados a celebrar una conferencia con don Javier de Burgos con el objeto de derribar al ministro Cea Bermúdez, pero que no se pusieron de acuerdo, y habiéndole amenazado a Burgos, este se pasó al lado de Cea Bermúdez, y habían formado una alianza. En esto supieron que un delegado de la misma Sociedad liberal iba a visitar a los infantes, y como conocían a don Eugenio de verle en Palacio, habían dado en seguida la orden de prenderle.
—¿Adónde me lleva usted?, preguntó Aviraneta.