Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —Por ahora, a Aranjuez. Allí me darán nuevas órdenes.
Llegaron a Aranjuez por la noche; el comisario llevó a don Eugenio a una fonda. Allí durmieron. Al día siguiente un soldado de caballería trajo un pliego para el comisario.
Luna lo leyó, y se lo dio a don Eugenio para que lo leyera.
El superintendente decía que, examinados los papeles del preso, no se encontraba indicio alguno de culpabilidad; pero que, a pesar de esto, no era prudente que dejaran a Aviraneta libre, por lo cual se ordenaba al comisario que lo trasladara a las inmediaciones de Madrid, a uno de los mesones del puente de Toledo, tratándole en el tránsito con la debida consideración y respeto.
Salieron de Aranjuez después de comer. En Pinto cenaron, y se dirigieron a Villaverde. Cruzaron la aldea y siguieron hacia Madrid. A media legua o tres cuartos de legua del puente de Toledo entraron en el mesón del Cuco.