Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Al irse a acostar apareció un guardia con un pliego para Luna. Lo abrió este, y lo leyó. Se le decía que al día siguiente, al amanecer, se condujera a Aviraneta por las rondas a la Puerta de Hierro; que allí esperase la salida de la diligencia para Valladolid, que pasaría a las ocho de la mañana. En la diligencia habría un asiento de interior costeado por el Gobierno. Se le metería a Aviraneta en el coche, entregándole el pasaporte para Santiago de Compostela, y se encargaría al mayoral que no permitiese la salida del desterrado hasta llegar a Valladolid. Aviraneta no llegó a Valladolid, y volvió a la corte.
Algún tiempo después de la desaparición avisaron a un amigo de Aviraneta que un campesino deseaba hablarle; este campesino no era otro que don Eugenio. Le buscaron una casa tranquila en la calle de Cedaceros, propiedad de don Ambrosio de Hazas, y allí vivió durante algún tiempo.