Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador La víspera de su salida de la corte encontró cerca de la Casa de Correos a Gil de la Cuadra, a quien manifestó claramente su desconfianza. Don Ramón, después de excusarse, le indicó que en aquel momento acababa de echar una carta para el general Mina, avisándole que Aviraneta llegaría al final de mes, comunicándole la comisión que llevaba a Barcelona y recomendándole eficazmente.
El 5 de diciembre salió Aviraneta de Madrid para Valencia; esperó allí quince días la llegada del Balear, un vapor con tripulación catalana, y el 24 del mismo mes se embarcó para Barcelona.
En los quince días que estuvo en Valencia se dedicó a leer periódicos y a enterarse de los asuntos de Barcelona; leyó varios folletos, entre ellos uno de Raull y otro de Bertrán Soler acerca de la asonada seguida del incendio de los conventos de la ciudad condal. Estas lecturas le hicieron pensar que quizá Barcelona estaba en vísperas de una gran conmoción popular, como en tiempo del Corpus de Sangre. Se figuraba la ciudad catalana un Nápoles de la época de Massanielo.
Llegó el 27 de diciembre de 1835 a Barcelona; le esperaban en el muelle dos individuos de la Isabelina: Tomás Bertrán Soler y un antiguo asistente.