Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Mi querido general: Por los beneficios que deben resultar a la justa causa, y por el concepto que me merece el dador de esta, el señor De Aviraneta, suplico a usted le considere como persona de confianza; de la buena inteligencia y acuerdo de ustedes no dudo resultarán motivos de satisfacción para todos, y en esta creencia preveo, igualmente, que accederá usted a mis deseos. Es de usted siempre afectísimo amigo, que besa su mano,
J. A. DE MENDIZÁBAL.
A los días siguientes fue don Eugenio a ver a don Ramón Gil de la Cuadra, y ni en el Ministerio ni en su casa pudo encontrarle.
Por fin, consiguió verle, y la mala acogida de este señor hizo sospechar a Aviraneta, y estas sospechas se aumentaron todavía más cuando le dijeron que don Ramón hablaba mal de él, que le pintaba como un intrigante y alborotador, y creía conveniente que le expulsaran de España.
Preocupado, preguntó al pariente de Mendizábal si es que el Gobierno quería deshacerse de él, y Alfaro le dijo que don Juan no era capaz de una perfidia semejante, y que si desconfiaba que no saliera de Madrid. Ante esta afirmación, se decidió a ir a Barcelona.