Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Al día siguiente, se presentó en la Capitanía general a saludar a doña Juanita, la mujer de Mina. Preguntó a esta señora si no había recibido su marido una carta de Gil de la Cuadra, y doña Juanita le contestó que no lo sabía.
Había por entonces en Barcelona muchos partidarios de don Carlos, muchos reaccionarios y absolutistas de buena fe.
Entre los liberales, la confusión era grande, y los diversos grupos se miraban en su mayoría con hostilidad.
Entre los exaltados de varias clases, unos eran localistas, y no querían ocuparse más que de lo que ocurría en Cataluña; otros, nacionalistas.
Había también algunos republicanos y restos de la Sociedad Carbonaria, Sociedad que habían fundado en Barcelona un tal Horacio d’Atellis, venido de Nápoles en 1822.
A los pocos días de llegar a Barcelona, conferenció con las personas importantes del partido liberal. Con quienes se vio con más frecuencia fue con Madoz, Bertrán Soler y Xaudaró.
Entre los jóvenes había gente atrevida, audaz y de ideas muy avanzadas.