Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Hizo mil cábalas, pensando quién podía comunicarle aquella noticia; pensó si sería su confidente carlista o alguno del Club Unitario, pero no pudo deducir nada.
Al día siguiente, el pronóstico del desconocido se había realizado. Por la tarde, al anochecer, la gente asaltaba la ciudadela y comenzaba la matanza.
A esta hora se presentó Aviraneta en la Capitanía general a ofrecer sus servicios a la esposa de Mina y al general Álvarez.
Se oían desde los balcones del palacio los tiros que sonaban en la ciudadela.
Discutían todos la manera de contener los excesos, no terminados aún, puesto que, según se dijo, las matanzas seguían en Atarazanas, en la torre de Canaletas y en el hospital.
Por lo que se supo después, el jefe de Atarazanas, brigadier Ayerbe, puesto al servicio de los sublevados, fue llamando a los presos por sus nombres y entregándoles a las turbas para que los matasen.
Después de las doce de la noche marchó Aviraneta a su casa desde la Capitanía general, y tuvieron allí los isabelinos una reunión. Se discutió lo que había que hacer al día siguiente.