Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Había algunos que decían que debieron haberse apoderado de la ciudadela, cosa fácil durante el tumulto; otros decían que de aquel motín sangriento no debía salir la proclamación de la Constitución. Aviraneta era partidario de esperar, de dejar un espacio de una semana o dos para que la proclamación de la Constitución no pareciese una segunda parte de la matanza. Hubo algunas discusiones, y, por fin, quedaron en que al día siguiente se pronunciasen los batallones de la Milicia.
El capitán del batallón de La Blusa, don Pedro Mata, les dijo que había unanimidad entre los milicianos, y que todos querían que se proclamase la Constitución cuanto antes.
Rendido de cansancio, se acostó don Eugenio, y durmió hasta muy entrada la mañana. Al día siguiente supo que grupos numerosos, sostenidos por fuerzas de la Milicia, aclamaron la Constitución de 1812, y pusieron un gran letrero, custodiado por dos centinelas, en el pórtico de la Lonja.
El día 5 se presentó, después de comer, en el palacio, y estuvo acompañando al general Álvarez y a la señora de Mina. Al retirarse, a las once de la noche, a su casa, supo que el movimiento liberal intentado por sus amigos había fracasado por completo. El brigadier Ayerbe había mandado quitar el letrero puesto en la Lonja, en que se vitoreaba a la Constitución, y dispersó a los nacionales.