Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Mi estimada amiga: Usted no debe ignorar que estoy en este navío, habiéndome conducido a él la fuerza armada, que me sacó de mi cama a las dos de la madrugada como si fuera un facineroso. Yo estaba fielmente convencido de que usted pensaba que yo era incapaz de faltar a la sincera amistad que me une a su esposo, y que el asegurarla anteayer que yo no tenía arte ni parte en los últimos acontecimientos bastaba; pero veo lo contrario; veo que me ha tenido, y acaso me tiene, por un hombre falso y doble. Ya se ha dado la campanada. Mi honor estará comprometido, y hoy exijo del señor Álvarez que se me forme causa, estando pronto a pasar a la cárcel o castillo que se me designe.
Suplico a usted le hable al general para que así se decrete, y lo antes posible.
Soy de usted atento y seguro servidor y amigo, que besa sus pies,
EUGENIO DE AVIRANETA.
Escribió después al general Álvarez, que no le contestó, y al día siguiente, al saber que había llegado Mina a Barcelona, le escribió diciéndole que no había tomado parte en lo de la ciudadela, que si lo hubiera hecho, lo diría, y que cuanto antes le juzgaran o le mandaran fuera de España, pues no quería ni gracia ni libertad de la mano de nadie.