Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Mina no contestó; pero contestó su mujer, diciendo que su marido no podía mezclarse como autoridad en un asunto que no había presenciado.
En vista de esto, Bertrán Soler y Aviraneta escribieron una nota dirigida al comandante del Rodney, acogiéndose al pabellón inglés.
El comandante, Flide Pasker, les contestó que esto no era posible; que el general don Antonio Álvarez le había manifestado que siendo necesario para la tranquilidad de Barcelona el que ellos fueran extrañados de la ciudad, le había rogado que les acogiera en su barco, y que lo había hecho así con este motivo.
Protestaron de nuevo, y se dirigieron por carta al cónsul inglés de Barcelona, sir James Annesley, para que les diera pasaporte para Inglaterra; pero el cónsul les dijo que no podía darlo más que a los ciudadanos ingleses.
Vivían en el barco sometidos al mismo régimen que los soldados y marineros. Tenían una guardia y dormían en el sollado y en la bodega. No tenían cama y comían rancho. Varios días después fueron transbordados en el buque de un ex negrero amigo de Mina, de don Pedro Gil, de los que formaban el Club Unitario, a la fragata inglesa Artemisa, que se puso en franquía con rumbo a Gibraltar.