Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Al terminar la procesión, el piquete entró en el paseo de la Alameda, que en aquella hora estaba muy concurrido. Entre la gente se hallaba paseando el gobernador, conde de Donadío, con su señora. Cuando fue advertido por los nacionales, algunos músicos comenzaron a tocar el Trágala, y todos los charranes que andaban por allí insultaron al gobernador.
Los oficiales del piquete, escandalizados, mandaron a los milicianos que rompieran filas. Este incidente tuvo gran resonancia en el pueblo.
Al día siguiente contaron que los oficiales se manifestaban muy descontentos, y que el conde de Donadío estaba furioso, tascando el freno.
El 20 de julio llegaron fuerzas del séptimo de línea, lo que provocó grandes inquietudes en los nacionales.
Llegó el 24 de julio, y, a pesar de ser el día de la reina, se creyó oportuno suspender el besamanos, y sólo se hicieron los saludos de ordenanza.
El disgusto de los milicianos crecía. Se aseguraba que iban a ser desarmados.
El 25 no hubo por la mañana alboroto alguno, limitándose los nacionales a seguir comentando los sucesos de los días anteriores.
Salió Aviraneta al anochecer, y fue a la plaza de Riego y a la calle de la Madre de Dios.