Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador En este rincón hizo Eugenio sus primeras correrÃas. Era difÃcil encontrar un barrio tan sintetizador como aquel de la vida cortesana, y aun de la vida nacional; era el barrio más castizo de Madrid, el más antiguo, el más tÃpico, el receptáculo de todo lo viejo, de todo lo abigarrado y pintoresco de la villa del oso y del madroño.
La Inquisición tenÃa su hogar en la plaza Mayor y en la de la Cruz Verde, lugar de los autos de fe en gran escala, la primera, y de los autillos, la segunda. Estos autillos debieron ser célebres en otra época, y como recuerdo quedaba en la plaza de la Cruz Verde, al decir de la gente, una cruz de madera pintada de este color. La MonarquÃa tenÃa en el barrio el Palacio real; la aristocracia, la enorme casa de Osuna.
Sin preparación, sin cultura, sin medios, cogieron los españoles de entonces el momento más difÃcil para el paÃs. El edificio legado por los antepasados se cuarteaba, se venÃa abajo. Era la crisis de la patria, del imperio colonial, y al mismo tiempo del absolutismo, de la Inquisición, de toda la vida antigua.
Iba Eugenio en esta época a casa de un dómine que daba lecciones particulares a muchachos de buena familia. Este dómine sabÃa algo de latÃn y de gramática.