Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Uno de los compañeros de Eugenio, el hijo de un amigo de la casa, entró de cadete en las reales Guardias Españolas. A su padre, militar de graduación y noble, no le fue difícil conseguir esta prebenda. La familia de Aviraneta pensó alcanzar algo parecido para el joven Eugenio, pero a don Felipe no le gustaba la milicia.
Prefería que su hijo se dedicase al comercio.
Desde entonces, y puesto que tenía Eugenio que ser comerciante, la índole de sus estudios varió y comenzó a practicar el francés y la teneduría de libros. La decisión de viajar le hizo creerse aventurero, y le dio más audacia en sus correrías callejeras.
Su madre decidió que, para mejor aprender el francés, fuera a Irún, a casa de un hermano suyo, mientras se fijaba la fecha de su marcha definitiva a Méjico.