Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El segundo verano de estar en Irún, su tío Fermín Esteban, que tenía parientes en Bayona, mandó al chico a esta ciudad a pasar una temporada.
Estos parientes a cuya casa fue eran pequeños comerciantes, furibundos realistas; todas las noches se rezaba por el alma de Luis XVI y de María Antonieta, y se le llamaba a Napoleón Buonaparte.
Tenían una idea absurda de España, considerándola como país de leyenda, y hacían a Eugenio preguntas que le dejaban completamente asombrado.
Allí se hizo Eugenio masón; la logia estaba en una casa entre la calle de Bourgneuf y la que hoy se llama Laffite. La ceremonia del ingreso en la masonería no tuvo nada de particular: los jefes le hicieron algunas preguntas y después le presentaron a distintas personas, entre las cuales había varios españoles. Desde aquel día trabó Aviraneta relaciones de amistad con muchos republicanos franceses y con emigrados compatriotas que se reunían por la noche en la logia y de día en la librería de Gosse.
Allí conoció a Rafael Martínez, el ex jesuita; al ex fraile Arrambide, que escribió El Amante de las Leyes y el Rey; a Hevia, a Santibáñez, a Eguía, a Pedro Beúnza y a su padre, a cuya casa iban a tomar café. El padre y el hijo fueron de los que más trabajaron y con más entusiasmo por la Constitución derrocada en 1814 y 1823.