Aviraneta o la vida de un conspirador

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De Urdax se dirigió, por Zugarramurdi y Echalar, a Vera. Habló con el comandante Lanz, y este arengó a sus tropas desde el balcón del Ayuntamiento, hablándoles de la traición de Maroto.

Lanz indicó a Gabriela que convendría que fuera a ver a los jefes que estaban en Sara esperando el momento de pasar la frontera, y que, después de contarles lo ocurrido, les dijera que se presentaran en seguida para ponerse al frente de los rebeldes.

Gabriela salió de Vera, llegó a Sara y preguntó por la rectoral; entró en ella, vio al cura, este la llevó a una borda donde estaban los jefes carlistas, y les contó lo que había visto. Les explicó con detalles lo ocurrido en Etulaín, en Elizondo, en Urdax y en Vera, y dijo cómo había dado tres mil pesetas a Bertache y otras tres mil a Orejón para el pronunciamiento de los soldados carlistas.

Don Basilio y Aguirre cogieron a Gabriela y la levantaron en alto, gritando:

—¡Vivan las mujeres valientes! ¡Viva la Roncalesa!

En tanto, la sublevación de los antimarotistas aumentaba.

El ejército carlista de Navarra y de todo el país vasco se deshacía, se convertía en hordas, en una serie de partidas de ladrones y de forajidos.


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