Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador
Pasados algunos meses, el decir que alguien había colaborado en el final de la guerra y en el Convenio de Vergara era ofender al general Espartero y a sus amigos.
El general Espartero se apresuró, motu proprio, o influido por el plan que desde Bayona le había enviado el cónsul Gamboa, a avanzar rápidamente; hizo una marcha forzada hacia Tolosa, mientras que don Diego de León se internaba por la Borunda, camino de la frontera.
Los carlistas, que tenían en Tolosa sus almacenes de víveres y pertrechos de guerra y que no esperaban un avance tan rápido de los liberales, se encontraron desde aquel momento perdidos.
Espartero siguió avanzando hacia el Norte con rapidez; gracias a esto no se verificó el encuentro que se esperaba entre marotistas y apostólicos, que hubiera terminado probablemente con una terrible matanza.
Espartero tomó para su vanguardia algunas partidas de chapelgorris, entre ellas la del sargento Elorrio, que conocía muy bien el terreno y tenía un gran fervor liberal.
Elorrio se metió rápidamente en la cuenca del Bidasoa antes de que los carlistas pudieran prepararse para resistir, y desde Vera mandó un recado a Aviraneta pidiéndole instrucciones. Aviraneta le contestó que fuera al día siguiente a Irún, a la fonda de Echeandía, donde podrían verse y hablarse.