Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador La mujer de Espartero se enteró de este aviso en Madrid, y se lo comunicó a su marido, y Espartero no se lo perdonó nunca a Aviraneta.
Por más de que luego dijo el general que su encono dependía de tenerlo por conspirador y por intrigante, la causa verdadera fue este parte que don Eugenio envió a la reina.
Mientras Aviraneta se encontraba en Bayona, se intrigó en Madrid contra él, y se le quiso enviar a Filipinas de factor de Tabacos; pero don Eugenio no aceptó el cargo.
Pocos días después tuvieron los bayoneses el espectáculo de ver pasar por la ciudad a algunos de los jefes carlistas que gozaban por entonces de cierta fama en Francia.
Quién había visto a Merino y reconocido por los retratos, otro había identificado a Villarreal con su aire de enfermo, al barón de los Valles, a Elío, al duque de Granada, a Valdespina y al príncipe de Lichnowsky.
Un domingo de septiembre, Bayona se transformó en un campamento carlista. A las once de la mañana, dos compañías francesas llegaron batiendo marcha, conduciendo a la Subprefectura al séquito del Pretendiente. A la cabeza de las compañías iban varios oficiales montados a caballo.