Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Se vio al infante Don Sebastián con aire sombrío y huraño, vestido de uniforme y con la espada al cinto.
A la misma hora entraban en el parque del castillo de Marrac de tres a cuatro mil carlistas desarmados, escoltados por la tropa francesa.
Entre el público se encontraba don Eugenio de Aviraneta. María Luisa de Taboada se acercó a él, dio una palmada en el hombro del conspirador y le dijo con voz sorda:
—¡Infame, traidor! ¡Esa es tu obra!