Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —Muchas; aquà va a haber el mejor dÃa algo muy gordo. Cabrera y el conde de España escriben a Don Carlos para que abdique a favor de su hijo mayor, Don Luis, y tanto a la de Beira como al Pretendiente, la idea les pone frenéticos. El infante Don Sebastián y Don Carlos no se pueden ver ni en pintura. Los partidarios de la de Beira dicen que quieren envenenar a la princesa.
—¿Don Carlos estará pendiente del conde de España y de Cabrera? —dijo don Eugenio.
—¡Ah, claro! En ellos tiene sus esperanzas. El conde de España pide dinero a Don Carlos. Algunos palaciegos dicen que hay que quitar el mando al conde y dárselo a Segarra. La princesa de Beira ha querido vender unas alhajas que tienen los Borbones en Salzburgo y sacar dinero para contentar al conde; pero Don Carlos dice que no, que son de sus hijos. Al parecer, el conde de España ha escrito a Don Carlos pintándole muy negra la situación del ejército de Cataluña, sus divisiones y sus odios, y diciéndole que, al último, no tendrá más remedio que meterse en Francia. Don Carlos ha contestado que se mantenga firme, y que si no puede sostenerse divida sus fuerzas en partidas al mando del Ros de Eroles, Tristany, el Llarch de Copons, Targarona y otros, y que se vaya él.
Dijo también el barón que a Cabrera se le habÃa dado orden de que si se veÃa apurado se retirara por Cataluña y no por Castilla.