Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Los partidarios acérrimos del conde de Luchana, los enemigos del Gobierno y los carlistas creyeron, unos, que en la Memoria debían de existir graves acusaciones más o menos explícitas contra Espartero; otros, que había documentos comprometedores para Don Carlos. Unos y otros declararon a Aviraneta guerra a muerte, y emplearon contra él varios procedimientos para inutilizarle.
Ofrecieron dinero a la patrona para que les diera los papeles que guardaba su huésped, y como la patrona no aceptó el trato, probablemente por temor, una noche entraron en el cuarto de don Eugenio y descerrajaron los cajones de una cómoda y de un armario para registrarlos. Al parecer, lo que buscaban aquellos hombres, probablemente carlistas, eran los recibos y la carta que dio el ministro de Don Carlos, Marcó del Pont, al recibir el Simancas de manos de Roquet.
Afortunadamente, no dieron con los papeles, y don Eugenio los cogió y los llevó a casa de Pita Pizarro.
Como la casa de huéspedes no le inspiró mucha confianza, se mudó a otra casa de la calle de Carretas, que le recomendó el mismo Arrazola.
Aviraneta se vio esta vez y otras más tarde perseguido por los esparteristas y el propio Espartero, y llegó a sentir gran odio por el general, odio bastante recíproco. El duque de la Victoria, en sus conversaciones y en sus cartas, al hablar de Aviraneta, le llamó siempre conspirador infame, intrigante y maquiavélico.