Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —¿Cómo lo puede usted saber, mi general?
—Bástele a usted saber que lo sé, y de buena tinta. No le digo a usted las intenciones que llevará nuestro dictador. Desde el momento que identifique su persona, se le fusilará inmediatamente. Amigo Aviraneta, hágame usted caso y suspenda usted el viaje.
—¿No me puede usted decir de dónde le viene la noticia, mi general?
—¿Para qué lo quiere usted saber? —contestó Rodil.
Aviraneta dio las gracias al general y le confesó que era cierto que le habÃan dado una nueva comisión para ver si podÃa sembrar la discordia entre los facciosos de Cataluña por iguales o parecidos medios a los empleados por él en las provincias vasco-navarras.
Quiso hacer confesar a Rodil de dónde estaba enterado de la comisión que le daba de nuevo el Gobierno, pero Rodil calló.
Cuando el general se marchó, mandó una esquela a Pita Pizarro contándole lo ocurrido, y Pita Pizarro fue inmediatamente a su casa y le dijo:
—Esto creo que no pasa de ser una intriga de los ayacuchos. No haga usted caso. Espartero no tiene atribuciones para ordenar una cosa asÃ. Si fuera capaz de hacerlo se verÃa con nosotros y le darÃamos la batalla. Yo no puedo obligarle a que se vaya; sin embargo, yo que usted no suspenderÃa el viaje.