Aviraneta o la vida de un conspirador

Aviraneta o la vida de un conspirador

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Durante el Terror, Larreveilliere y Santa Cruz estuvieron escondidos en una buhardilla. Larreveilliere dibujaba láminas de Botánica y Santa Cruz trabajaba como sastre. Cuando se estableció el Directorio, fundaron con otros la Sociedad de los Teofilántropos. Larreveilliere llegó a ser un personaje, y Santa Cruz siguió siendo hombre oscuro.

Santa Cruz y Michelena se entendían muy bien; el organista tocaba en su casa, en el clavicordio, trozos de Juan Sebastián Bach y de Haydn; el vagabundo contó su vida y explicó sus ideas.

El organista había experimentado gran sorpresa al hablar con Santa Cruz y conocer su sistema político-social; él lo aceptó, lo transformó a su gusto y mezcló en él la religión, la música, la teofilantropía y el magnetismo, Jesucristo, Bach y Mesmer. Ilustraba sus argumentaciones con trozos musicales. Aviraneta no tenía ningún entusiasmo por estas lucubraciones fantasmagóricas. El movimiento, la acción, la vida intensa, dinámica, era lo que atraía a nuestro héroe.




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