Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Mes y medio después de su llegada a Pau fue llamado a la Prefectura, en donde se le hizo saber que tenía que dejar Francia. Le tomaron la filiación y le preguntaron a qué país pensaba dirigirse. Aviraneta dijo que a Suiza. Entonces le extendieron el pasaporte más ignominioso que puede darse, y unos agentes le condujeron al correo. A poco de llegar a Ginebra un amigo de Bayona le remitió cuatro números de El Correo Nacional, periódico que se publicaba en Madrid. En ellos venía un juicio crítico de la Memoria escrita por Aviraneta, insertando los principales párrafos de ella como arma para hacer una guerra de facción y partido contra el general Espartero, al paso que a don Eugenio se le ponía por los suelos. Conoció, desde luego, que el autor no podía ser otro que el marqués de Miraflores, a quien había dado su Memoria.
El año 1843, a su vuelta de Suiza a Madrid, se lo explicó todo don Ramón Ceruti.
Todo esto fue una pura venganza del marqués de Miraflores, motivada por ciertas notas virulentas que enderezó don Eugenio en el folleto que publicó en Zaragoza con el título Lo que debería ser el Estatuto real ó Derecho público de los españoles y por las observaciones que mandó a la reina Cristina y a Pita Pizarro.