Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El Brigante, Aviraneta y otros dos o tres luchaban en primera línea con un grupo de soldados imperiales que se defendían a la bayoneta.
En esto se oyó un grito que les alarmó, y los franceses se irguieron, levantando los fusiles y dando vivas al emperador.
Aviraneta se detuvo a ver qué pasaba. De pronto oyó como un trueno que se acercaba. Miró alrededor; estaba solo. Un escuadrón francés llegaba al galope a salvar a los del convoy atacado.
Aviraneta quedó paralizado, sin voluntad. Afortunadamente para él, el amontonamiento de carros y furgones del camino impidió avanzar a la caballería enemiga; si no hubiera perecido arrollado. Cuando reaccionó y tuvo decisión para escapar se encontró seguido de cerca por un dragón francés, que le daba gritos de que se detuviera. ¡Qué pánico! Afortunadamente, su caballo saltaba mejor que el del francés por encima de las piedras y de las matas, y pudo salvarse.
Cuando se reunió con los suyos le recibieron con grandes extremos. Creían que le habían matado. Como es natural, no confesó el miedo que le había impedido escapar, y atribuyeron su tardanza al ardor bélico que le dominaba.
Esta primera escaramuza le impresionó bastante.