Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El escuadrón de Aviraneta fue de prisa a rodear y salir de nuevo al encuentro de los franceses.
De lejos, aquella masa de soldados imperiales cantando hacía un efecto extraordinario. Cuando pasaron a no mucha distancia de los españoles el viento traía la letra de Le Chant du Départ, cantado por uno de los sargentos, y el coro de soldados, como un rugido de tempestad, exclamaba:
La République nous appelle,
sachons vaincre, ou sachons périr;
un français doit vivre pour elle, pour elle
un français doit mourir.
Aquella voz francesa, aguda, rara, sonaba para Aviraneta como algo extraordinario en el día gris en medio de las verdes montañas. Quizá desde el tiempo de la República romana no se había repetido jamás allí la palabra «¡República!».
La canción de Chénier, como un canto de victoria, llevaba a los franceses a la salvación.
Los franceses se les escapaban. El escuadrón de Burgos iba picándoles la retirada.
De pronto, desde un gran matorral de retamas, comenzaron a disparar. Un pelotón de franceses se lanzó a rodear el matorral de donde habían partido los disparos, y en el momento que el jefe miraba hacia aquel lado, varios guerrilleros se lanzaron por el opuesto; sonaron diez o doce tiros y el comandante cayó de su caballo.