Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador EL TIRANO DE ARANDA DE DUERO
ERAN las doce de la mañana de un día de fiesta del año 1820. Comenzaba el mes de julio; hacía calor. Los arcos de la plaza de Aranda de Duero rebosaban gente. En esto se produjo un movimiento de ansiedad en los paseantes de la Acera al ver al pregonero rodeado de su acompañamiento de chiquillos.
El pregonero se detuvo cerca de los soportales y comenzó a tocar el tambor. Tras el redoble sacó un papel.
«El alcalde corregidor de la villa de Aranda de Duero: Hago saber». Aquí el pregonero hizo un redoble pintoresco y comenzó la lectura. El alcalde quería que se le diera cuenta de quién entraba y salía del pueblo y que todos los que tuvieran armas en sus casas las presentaran, bajo multa de cinco ducados, en el término de veinticuatro horas, en la casa de don Eugenio de Aviraneta, regidor primero y subteniente de la Milicia Nacional de la villa de Aranda de Duero.
—El señor Aviraneta es el amo del pueblo; el señor Aviraneta es el tirano de Aranda, y nosotros, como borreguitos, nos dejamos mandar. ¡Parece mentira! —así decían unos jóvenes paseantes a un grupo de damiselas.
En esto salieron del arco del Ayuntamiento y aparecieron en la acera dos oficiales de la Milicia Nacional, llevando en medio al regidor.
