Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El regidor era pequeño, rubio, de nariz larga, la mirada atravesada y dura y los ojos azules. Llevaba casaca oscura de color castaño, con cuello de terciopelo de corte militar, medias negras de seda, pantalón de nanquín y chaleco rojo a lo Robespierre, sombrero redondo y el mentón desaparecía dentro de la corbata, de varias vueltas.
Andaba muy tieso, muy firme, con la mano derecha puesta en la abertura del chaleco, en actitud napoleónica.
—¡Aviraneta! ¡Aviraneta! —dijo la gente al verle.
—Tiene cara de masón —murmuró una vieja.
—De masón y de judío —añadió otra.
—Y es bizco…
—Para que sea bueno. ¡Bizco y rojo!…
Aviraneta unía al cargo de regidor primero el de subteniente de uno de los tercios de que se componía la tropa de caballería. Además, era el presidente de la logia masónica. Se ocupaba sin descanso de los asuntos de la Milicia Nacional, resolvía las dificultades y escribía las proclamas con recuerdos de Roma y de los comuneros de Castilla.