Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —¿CONQUE sube usted a ese monte o no? —le dijo el alemán—. Creo que le conviene a usted castigar el cuerpo, para que las malas ideas se vayan.
—¿Pero piensa usted pasar la noche allá arriba?
—SÃ; ¿por qué no?
—Hará frÃo.
—Eso no importa. Encenderemos fuego, y llevaremos mantas.
—Bien. Pero yo le advierto a usted que cuando me canse me tiro al suelo y no sigo.
—Es natural. —Yo haré lo mismo. Conque vamos a comer y en seguida, ¡arriba!
Comieron, prepararon algunas viandas, para el dÃa siguiente, y cada uno con su manta al hombro y la escopeta terciada se encaminaron hacia un pinar de la falda de Peñalara.
El alemán se sentÃa movedizo y jovial; habÃa hecho indudablemente provisión de energÃa mientras pasaba los dÃas tendido en el suelo.
Al llegar al pinar, la cuesta se hizo tan pendiente que se resbalaban los pies. Fernando tenÃa que pararse a cada momento fatigado. Schultze le animaba gesticulando, gritando, cantando a voz en grito, con entusiasmo irónico, una canción patriótica que tenÃa por estribillo: «Deutschland, Deutschland über ales».