Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —¡Oh! No compare usted a Nietzsche con esos miserables que produjeron la decadencia de la Humanidad.
Fernando se incorporó para mirar al alemán, vio con asombro que hablaba en serio, y volvió a tenderse en el suelo.
Comenzó a anochecer; el viento silbaba dulcemente por entre los árboles. Un perfume acre, adusto, se desprendía de los arrayanes y de los cipreses; no piaban los pájaros, ni cacareaban los gallos… y seguía cantando la fuente, invariable y monótona, su eterna canción no comprendida…