Camino de perfeccion
Camino de perfeccion AL día siguiente, Schultze volvió al Paular; Fernando se despidió de él, y en un carro salió para Segovia.
Llegó a Segovia con un calor bochornoso. El cielo estaba anubarrado, despedía un calor aplastante; sobre los campos, abrasados y secos, se agitaba una gasa espesa de la calina.
Se paró el carro en la posada del Potro, en donde entraban y salían arrieros y chalanes.
Llamó Ossorio a la dueña de la casa, una mujer gruesa, la cual le dijo que allá no daban de comer, que cada uno comía lo que llevaba.
Era costumbre esta añeja de mesones y posadas del siglo XVII.
Le llevaron a su cuarto y se tendió en la cama. A las doce fue a la fonda de Caballeros, a comer, y después salió a dar una vuelta por el pueblo, que no conocía.
Paseó por dentro de la catedral, grande, hermosa, pero sin suma de detalles que regocijase el contemplarlos; vio la iglesia románica de San Esteban, que estaban restaurando; después se acercó al Alcázar.