Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Desde allá, cerca de la verja del jardín del Alcázar, se veían a lo lejos lomas y tierras amarillas y rojizas; Zamarramala sobre una ladera, unas cuantas casas mugrientas apiñadas y una torre, y la carretera blanca que subía el collado; a la derecha, la torre de la Lastrilla, y abajo, junto al río, en una gran hondonada llena de árboles macizos de follaje apretado, el ruinoso monasterio del Parral. Se le ocurrió a Fernando verlo; bajó por un camino, y después por sendas y vericuetos llegó a la carretera, que tenía a ambos lados álamos altísimos. Pasó el río por un puente que había cerca de una presa y de una fábrica de harinas.
Al lado de esta, en un remanso del río, se bañaban unos cuantos chicos. Se acercó al monasterio; el pórtico estaba hecho trizas, sólo quedaba su parte baja. En el patio crecían viciosas hierbas, ortigas y yezgos en flor.
Hacía un calor pegajoso; rezongueaban los moscardones y las abejas; algunos lagartos amarillos corrían por entre las piedras.