Camino de perfeccion
Camino de perfeccion El camino, de un color violeta, subía hacia Zamarramala; pasaban por él hombres y mujeres, ellas con el refajo de color sobre la cabeza, ellos llevando del ronzal las caballerías.
A la puesta del sol, el cielo se despejó; nubes fundidas al rojo blanco aparecieron en el poniente.
Sobre la incandescencia de las nubes heridas por el sol, se alargaban otras de plomo, inmóviles, extrañas. Era un cielo heroico; hacia el lado de la noche el horizonte tenía un matiz verde espléndido.
Los pináculos de la catedral parecían cipreses de algún cementerio.
Oscureció más; comenzaron a brillar los faroles en el pueblo.
El verde de los chopos y de los álamos se hizo negruzco; el de las lomas, cubiertas de césped, se matizó de un tono rojizo al reflejar las nubes incendiadas del horizonte; las lomas, rapadas y calvas, tomaron un tinte blanquecino, cadavérico.
Sonaron campanas en una iglesia; le contestaron al poco tiempo las de la catedral con el retumbar de las suyas.
Era la hora del Ángelus.
El Alcázar parecía, sobre su risco afilado, el castillo de proa de un barco gigantesco…