Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Por la noche, en la puerta de la posada del Potro, un arriero joven cantaba malagueñas, acompañándose con la guitarra:
Cuando yo era criminal
en los montes de Toledo,
lo primero que robé
fueron unos ojos negros.
Y al rasguear de la guitarra se oían canciones lánguidas, de muerte, de una tristeza enfermiza, o jotas brutales, sangrientas, repulsivas, como la hoja brillante de una navaja.