Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Bueno. Ya arreglaremos lo del precio.
—Cuando usted quiera.
—¿Por dónde iremos?
—Pues de aquà a La Granja, y por la venta de Navacerrada a salir hacia Torrelodones, y de allá, pasando por Las Rozas y Aravaca, a Madrid. Es posible que yo no entre en Madrid —añadió Polentinos—; tengo que ir a Illescas a ver a una hija.
—¿Y por qué no va usted en tren?
—¿Para qué? No tengo prisa.
—¿Cuántas leguas tenemos de aquà a Madrid?
—Trece o catorce.
—¿Y de Madrid a Illescas?
—Unas seis leguas.
Pusieron unas tablas en el carro, y, sentado en ellas Fernando, con los pies dentro de la bolsa del carro, y Polentinos en el varal, bajaron por la calle de San Francisco hasta tomar la carretera.
—Va a hacer mucho calor —dijo Polentinos.
—¿Si?
—¡Vaya!
—Maldito sea. Y eso será malo para el campo, ¿eh?
—En esta época, pues, ya no le hace daño al campo.
—Y la cosecha, ¿qué tal es? —preguntó Fernando por entrar en conversación.