Camino de perfeccion
Camino de perfeccion LLEGARON antes del mediodía a La Granja y comieron los dos en una casa de comidas. Por la tarde fueron a ver los jardines, que en el filosófico arriero no hicieron impresión alguna.
A Fernando, todas aquellas fuentes de gusto francés; aquellas estatuas de bronce de los Padres ríos, con las barbas rizadas; aquellas imitaciones de Grecia, pasadas por el filtro de Versalles; aquellas esfinges de cinc blanqueado, peinadas a lo Madama Pompadour, le parecieron completamente repulsivas, de un gusto barroco, antipático y sin gracia.
Salieron de La Granja y por la noche llegaron a un pueblo; durmieron en la posada, y a la mañana siguiente, antes de que se hiciese de día, aparejaron las mulas, las engancharon y salieron del pueblo.
La luz eléctrica brillaba en los aleros de las casuchas negruzcas, débil y descolorida; la luna iluminaba el valle y plateaba el vaho que salía de la tierra húmeda.
En el campo oscuro rebrillaban como el azogue, charcos y regueros que corrían como culebrillas.
En un redil veíase un rebaño de ovejas blanquinegras, y cubiertos con una gran manta los pastores, a quienes se veía rebullir debajo…
El camino trazaba una curva. Desde lejos se veía el pueblo con sus casas en montón y las paredes blancas por la luna.