Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Pasando por Torrelodones y Las Rozas, llegaron a Aravaca por la tarde, y de aquí, por la Puerta de Hierro, decidieron seguir por el paseo de los Melancólicos, que pasa por entre el Campo del Moro y la Casa de Campo, sin parar en Madrid.
El día era domingo. A la caída de la tarde, entre dos luces, llegaron a la Puerta de Hierro. Hacía un calor sofocante.
En el cielo, hacia el Pardo, se veía una faja rojiza de color de cobre.
En la Casa de Campo, por encima de la tapia blanca, aparecían masas de follaje, que en sus bordes se destacaban sobre el cielo con las ramitas de los árboles como las filigranas esculpidas en las piedras de una catedral.
En el río, sin agua, con dos o tres hilillos negruzcos, se veían casetas hechas de esparto y se levantaba de allí una peste del cieno imposible de aguantar.
En los merenderos de la Bombilla se notaba un movimiento y una algarabía grandes.
El camino estaba lleno de polvo. Cuando llegaron en el carro, cerca de la Estación del Norte, había anochecido.
No se veía Madrid, envuelto como estaba en una nube de polvo. A largos trechos brillaban los faroles rodeados de un nimbo luminoso.