Camino de perfeccion
Camino de perfeccion ENTRARON en el comedor, provisionalmente alhajado. Era ya el anochecer. Se sentaron a la mesa, además del anfitrión, el médico grueso, el teniente Arévalo y Fernando.
La conversación revoloteó sobre todos los asuntos, hasta que fue a parar en los atentados anarquistas.
Arévalo señaló a Ossorio como uno de tantos demagogos partidarios de la destrucción en el terreno de las ideas.
El pedagogo se sintió indignado, y entonces el gobernador le dijo:
—Pero si aquí todos somos anarquistas.
El pedagogo anunció que iba a hacer un libro en el cual plantearía, como única base de la sociedad, esta: «El fin del hombre es vivir».
Los cuatro comensales, en vez de encontrar la base social hallada por el pedagogo firme y sólida, la creyeron digna de la chacota y de la broma.
—Pues, sí, señor; es la única base social: El fin del hombre es vivir. Es verdad que esta frase puede representar lo más egoísta y mezquino si se dice: El fin de cada hombre es vivir.
A pesar del distingo, todos rieron a costa de la base social tan importante y trascendentalísima.
De esta cuestión, mezclada con ideas políticas y sociales, se pasó a hablar del arzobispo de Toledo.