Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Uno decía que era un hereje, otro que un modernista. Arévalo se encogió de hombros: él creía que el cardenal arzobispo era un majadero; se aseguraba que creía en la sugestión a distancia y en el hipnotismo, y que deseaba que el clero español estudiara y se instruyese.
Con este objeto enviaba a algunos curas jóvenes al extranjero.
Había tenido la idea de fundar un gran periódico demócrata y católico al mismo tiempo; pero ninguno de los obispos y arzobispos le secundó, y el de Sevilla dijo que aquel era el camino de la herejía.
Se empezaron a contar anécdotas del arzobispo.
A uno le había dicho: «¡Ríase usted de los masones! Eso es un espantajo que inventan los reaccionarios».
A un canónigo muy ilustrado le dijo, en confianza, que, entre San Pablo y San Pedro, él hubiera elegido a San Pablo.
Era un hombre demócrata que hablaba con las mujeres de la calle. Arévalo seguía encogiéndose de hombros y creyendo que era un majadero.
El pedagogo dijo que el anterior arzobispo, conociendo los instintos ambiciosos del actual, decía:
—Si él es Lagartijo, yo soy Frascuelo.
Se celebró la anécdota tanto como la exposición de la base social.